PUEBLOS FANTASMAS

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Desierto, pero no olvidado
La localidad zamorana de Escuredo se queda sin habitantes por primera vez en su historia reciente, lo que despierta el interés turístico de los visitantes que acuden a conocer su arquitectura
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Puertas cerradas y ventanas clausuradas, candados en los pajares, calles y campos vacíos, silencio... es la imagen del pueblo zamorano de Escuredo, uno de los más arrinconados y apartados de la subcomarca de la Requejada, en las estribaciones de la Sierra de Cabrera que dividen el norte de Sanabria de la comarca leonesa de Cabrera. El invierno, en esta zona de nevadas abundantes, temperaturas bajo cero y una altitud de 1.200 metros, se ha cobrado su precio: el cierre temporal de todas las casas y la emigración de la escasa media docena de vecinos que aún residían en el pueblo. Personas en su mayoría de edad avanzada y con serias complicaciones, como el acceso a los servicios médicos, de trasporte o incluso algo tan básico como el pan diario. Escuredo se suma a otros pueblos como Letrillas, Gusandanos, Coso o Santa Cruz de los Cuérragos, que han perdido población en la última década.

Desde que a finales de noviembre se cerrara la última casa, en Escuredo ha reinado el silencio pero no el olvido. Varias personas descendientes de Escuredo han aprovechado estos días para acercarse desde Madrid o Barcelona para dar una vuelta.

Las cumbres nevadas de Vizcodillo y Peña Negra, a más de 2.100 metros, reinan en este solitario paisaje, más aún desde que el acceso por la carrera de Escuredo a León está intransitable; no por la nieve, sino por el hielo en la vertiente leonesa. Lejos del abandono total, Escuredo es un pueblo muy cuidado. De una veintena escasa de casas y cuadras a mediados del siglo pasado entró en el siglo XXI con casi 40 viviendas, algunas segundas residencias y casas de veraneo de nueva construcción.

Los propietarios, muchos emigrados a Barcelona y Madrid, se han decantado por rehabilitar antiguas casas donde se respeta la arquitectura local. Sobre la calle principal preside la iglesia de la Virgen de la Bien Aparecida y el centro cultural, muy mejorado. Con toda seguridad el silencio se trasforme en bullicio para el 8 y 9 de septiembre, cuando celebran la fiesta mayor de la Virgen de la Aparecida.

Silencio

La nostálgica estampa de un pueblo en silencio ha despertado también el interés de turistas y visitantes de la comarca por dar una vuelta en un paraje que es un remanso de paz y tranquilidad, tan diferente del clima sonoro de una gran ciudad. Una pareja del vecino pueblo de Doney de la Requejada, residentes en Zamora, dedican tiempo de su fin de semana para hacer un pequeño recorrido por el pueblo. Se quedan prendados de una casa típica rehabilitada que destaca junto al puente de la calle central. Una breve charla en la vía pública finaliza con un café en el bar de Doney. El bar de Escuredo, que aún conserva su letrero, hace muchos años que se cerró.

Los huertos de Escuredo no se han quedado estériles, sino todo lo contrario. Su propietarios los han dejado arados y abonados para la próxima siembra. Antes de marzo algunas puertas del pueblo se abrirán de nuevo
(La Opinión)


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